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Historia del braille

Louis Braille inventó su sistema en 1825, a los quince años, siendo alumno del Instituto Nacional de Jóvenes Ciegos de París. Partió de un código militar de doce puntos diseñado para leer órdenes en la oscuridad y lo redujo a seis, el número exacto que la yema de un dedo puede abarcar de una vez.

Antes de Braille: el relieve imposible

Hasta el siglo XIX, enseñar a leer a una persona ciega consistía en darle letras latinas en relieve, ampliadas y grabadas en papel grueso. Valentin Haüy, fundador del instituto parisino en 1784, imprimió así los primeros libros para ciegos. El sistema funcionaba a duras penas: los libros pesaban kilos, eran carísimos, se leían muy despacio y, sobre todo, no permitían escribir. Un ciego podía leer una letra en relieve, pero no producirla.

El código nocturno de Barbier

En 1821 el capitán de artillería Charles Barbier presentó en el instituto su escritura nocturna, un sistema de doce puntos en relieve que había ideado para que los soldados pudieran leer mensajes en las trincheras sin encender una luz. Era fonético, no ortográfico, y su celda de doce puntos era demasiado grande para el dedo: había que mover la yema para abarcarla, lo que hacía la lectura lenta.

Louis Braille, alumno de trece años, entendió enseguida el potencial y también el defecto. Trabajó tres años en simplificarlo y en 1825 presentó su versión: seis puntos, dos columnas de tres, una celda que cabe bajo la yema sin moverla. Y, decisivamente, un sistema ortográfico y no fonético, capaz de representar la puntuación, los números y más tarde la música.

Las fechas clave

El propio instituto donde Braille estudiaba y después enseñó prohibió su sistema durante años. Los directores videntes preferían las letras en relieve, que ellos podían leer; el braille les resultaba ajeno porque no se parecía a la escritura que conocían. Los alumnos lo aprendían y usaban a escondidas.

Por qué tardó tanto en imponerse

La resistencia no fue técnica sino institucional. El braille tenía tres ventajas evidentes —se lee rápido, se escribe con medios simples y ocupa mucho menos espacio— pero rompía con la idea de que un ciego debía leer «las mismas letras» que los demás. A eso se sumó la competencia de otros sistemas de puntos, como el New York Point y el American Braille, que fragmentaron el mundo anglófono hasta bien entrado el siglo XX en lo que se llamó «la guerra de los puntos». La unificación llegó en 1932 con el acuerdo del braille inglés estándar.

El braille hoy

Existen versiones para todos los alfabetos: latino, cirílico, griego, árabe, hebreo, chino, japonés y coreano, cada una adaptando las 63 combinaciones a su repertorio de signos. El braille español se unificó para todos los países hispanohablantes en 1987.

La tecnología no lo ha sustituido, lo ha ampliado: las líneas braille electrónicas conectadas a un ordenador permiten leer en relieve lo que hay en pantalla, y los lectores de pantalla por voz conviven con él sin reemplazarlo. La razón es sencilla: escuchar un texto no es leerlo, y solo el braille da acceso a la ortografía, la puntuación y la estructura de lo escrito. Ver letras en braille y aprender braille.

¿Cuántos años tenía Louis Braille cuando inventó el braille?
Quince. Lo completó en 1825, siendo alumno del instituto parisino donde después fue profesor.
¿En qué se basó?
En la escritura nocturna de Charles Barbier, un código militar de doce puntos que Braille redujo a seis y convirtió en ortográfico.
¿Por qué seis puntos y no más?
Porque seis es el máximo que la yema de un dedo distingue sin moverse. Los doce de Barbier obligaban a desplazar el dedo y hacían la lectura lenta.

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